viernes, enero 29, 2010

Recuerdos de ruta

Hoy, sin querer, como siempre pasa con estas cosas, recuperé un viejo recuerdo que estaba tan adentro del cajón y olvidado y si no hubiera sido por este post probablemente ahí habría quedado.
Para quienes crecimos en un país con distancias tan importantes como las que nos impone Argentina, los recuerdos de las largas horas de viaje, sobretodo esas de la infancia, permanecen siempre en el recuerdo.
Los míos tienen un poco de malestar cuando los caminos eran sinuosos (y de esos en Córdoba tenemos muchos para donde miremos) y otros muchos de recuerdos lindos en las rutas derechas y eternas: recuerdo casi cada detalle de ese Taunos rojo de papá con patente que empezaba con la X de Córdoba y terminaba en 411, los puntitos negros sobre el fondo crema del techo del auto que tantas veces miramos y tratamos de contar para pasar el tiempo, las manijas de metal para abrir la puerta y las ventanas, el baúl chiquito, pero en el que, con orden militar, entraba mucho mas de lo imaginado, la valija llena de magazines entre las que había hasta alguna cinta de música para niños que no puedo recordar, las noches acurrucadas en el asiento de atrás mientras tratábamos de dormir mirando fijamente la luna que parecía perseguirnos hasta que finalmente cerrábamos los ojos.
Recuerdo los gritos de alegría míos y de Dora cuando en las rutas lejanas a Córdoba veíamos otro auto con la X, y hasta esos saludos que nos dábamos con las bocinas.
Pero de todos, el primero que tuve mientras leía ese post fue el de las pausas de viaje al lado de la ruta para descansar, tomar un poco de aire fresco y comer eso que había preparado mamá . La elección no era fácil, como no lo es nunca cuando las propuestas son muchas, cualquier ruta hiciéramos estaba siempre llena de estos grupitos de árboles con sombras espléndidas a cada lado, entonces pasábamos uno y otro hasta encontrar ese que nos parecía perfecto, donde no hubiera ningún otro auto y que tuviera un colchoncito de cesped invitante para descansar al menos media hora después del picnic viajero.
Recuerdo especialmente uno del último viaje largo que hicimos los cuatro juntos regresando de Mar del Plata. Mamá entusiasmada tenía en el auto las primeras pizzas que había preparado en su vida. Recuerdo el lugar, cerca de Balcarce, el aire fresco de los árboles, el auto estacionado que no era mas un Taunus sino un Dodge rural celeste, y no olvido los chistes que provocó esa primera pizza que terminamos comiendo con cucharita abajo de la sombra de un eucalipto bonaerense.
Las pizzas de mamá cambiaron con el tiempo y aún hoy siguen siendo las mejores que comí.
Los eucaliptos siguen como siempre ahí, llamando a los viajeros al borde de cada ruta argentina.
Gracias Tanoka!

1 comentario:

Taty dijo...

Dame unos dias y te envio la receta de la torta, algun mail????