miércoles, febrero 10, 2010

Las llaves y yo


Ya algunas veces conté de mi relación conflictiva con las llaves, alguna vez cayeron por el hueco del ascensor, otra hasta terminamos llamando a los bomberos para volver a entrar a casa, algunas tantas que nunca conté -y que el Trafficante ignora obviamante- quedaron dentro al auto estacionado en la calle listas para dar marcha y escapar..
Pero increíblemente proporcional a esa mala relación entre cualquier tipo de llaves y yo, a la detestable pero obligada tarea de tener siempre conmigo esos manojos pesados de metal en la cartera escondidos entre pañuelitos tissue, billetera, monedas, algun juguetito de Maia y un montón de cosas inútiles pero imprescindibles que las mujeres sabemos llevar siempre con nostras, tengo la fortuna de tener siempre un ángel que me saca de los apuros que esa distracción me provoca...
El vecino del edificio que llega justo para abrirme la puerta cuando me empiezan a sudar hasta las pestañas porque no soy capaz de encontrar la llave en mi cartera, mi compañera de trabajo que llega cinco minutos antes que yo a la oficina y sabe bien que ese ring de las 9:15 no puede ser otra persona que yo porque perdí las llaves también ese día, los ascensoristas, los bomberos ; o hasta esos ladrones distraídos que no se dan cuenta que ese auto negro tiene las llaves puestas toda la noche..
La lista sigue (y conociéndome seguirán muchos otros capítulos).
La última vez fue el viernes pasado. Llovía mucho y nos fuimos con Maia a ver a un amiguito que cumplía años. Ya me presentía mi estado de dificultad: abrir el paraguas, sacar a Maia del auto y tenerla en brazos para que no escapara en esa calle peligrosa y en esos mismos brazos y manos - como si ya paraguas + los 14 kilos de Maia fueran pocos- colgarme la cartera, el regalito y con los pocos dedos que me quedaran libres cerrar el auto.
La empresa parecía difícil, pero salí airosa, llegamos las dos sin mojarnos, con el paquete de regalo en la mano, la cartera, el paraguas, listas para pasar la tarde.
Solo que después de 2 horas y cuando decidimos volver a casa, también esta vez bajo la lluvia, sin regalito, pero con una bolsita con algunas porciones de torta, siempre con Maia, paraguas y cartera en la mano, descubrí que las llaves del auto no estaban. Primero pensé que no estaba buscando bien en la cartera, y cuando estaba segura que ahí no estaban, fuimos cargadas hasta el auto convencida que otra vez mas las había dejado adentro. Pero no, el auto estaba cerrado. Quedaba solo esa única tercera alternativa tan temida: se me habían caído en el trayecto antes de llegar. Subimos a lo de mi amiga, dejé a Maia y bajé otra vez para buscarlas.
La calle estaba oscura ya, llovía bastante y el único modo de poder ver el asfalto era esperar que pasaran otros autos e iluminaran un poco la zona trazada. Bajé y subí tres veces, la última con Massimo que había venido a ayudarme, mientras seguía preguntándome como hiciste para perder las llaves??.Yo enojada, con frío, con calor, cansada, con hambre y obviamente de muy mal humor!... Hasta que no nos quedó otra salida que hacernos llevar a casa a buscar esa segunda llave de repuesto.
A la mañana siguiente, ya con alguna sonrisa y hasta algun chiste por las situaciones que mi distracción con las llaves nos provoca, recibimos un llamado de nuestro amigo (el papá del nene del cumple), diciendo que apenas salió del edificio se encontró con una llave que colgaba de un árbol...
Era la llave del auto.
También esta vez alguien me salvó. Un desconocido!


2 comentarios:

Alicia Seminara dijo...

Qué desesperación no entrar las llaves, por favor!

Qué método habrá (o qué llavero!) para que no pierda uno las llaves?!

Mai dijo...

evidentemente tenés un angelito que te ayuda... y muchas anecdotas para contar!